Diálogo en el consciente

EL DIÁLOGO ENTRE EL CONSCIENTE VESTIDO Y EL CONSCIENTE ESPONTÁNEO

 

En muchos seres vivos, la tensión que nace de su organismo, tensión A, implica una actividad psíquica y cerebral. El organismo del ser humano realizó la “conversión energética” y el “equilibrio f-e craneal”, desarrollando el consciente: su actividad psíquica contiene el consciente asociado con el no consciente (la mayor parte de las actividades celulares del organismo).

El consciente siempre es educado de una u otra forma, dando lugar al consciente vestido, frecuentemente distinto del consciente espontáneo. En la expresión psíquica del ser humano, siempre se manifiesta una fluctuación o movimiento pendular entre estas dos zonas del consciente:

  • el pensamiento ordenado y la imaginación;
  • la inteligencia entrenada y la inteligencia espontánea; 
  • la psique instruida que maneja la CVP, dominándola, y la psique espontánea que nace de la CVP, en una asociación natural entre consciente y no consciente.

Esta diferencia y el juego o diálogo entre estas dos partes del consciente están presentes en cualquier momento de nuestra vida.

El incremento excesivo de esta diferencia hace desaparecer la natural asociación entre el consciente espontáneo y el consciente vestido y se produce su disociación. Surge el conflicto interno:
La persona se da cuenta de la obsesión en la que ha entrado su mente, pero se encuentra impotente delante de ella. Una parte del sujeto entra en conflicto contra otra parte de él mismo: un área del consciente percibe que otra área del mismo está obsesionada intensamente con la ansiedad, la angustia, la claustrofobia, la dispersión, la cavilación, la depresión o la euforia; no puede con ellas y padece. 

El individuo queda impotente ante la fuerza de la vida, que se manifiesta de un modo obsesivo e intensísimo, en torno a alguna tensión parcial excesiva. Esa fuerza vital, internamente sobreexcitada, ese deseo reprimido o inhibido no es el de cualquier especie, sino el del singular organismo humano, el único que compagina, por su propia constitución natural, los mecanismos del consciente y del no consciente, de lo voluntario y de lo involuntario.
La virtud de nuestra naturaleza radica en su consciente o consciencia, que nos permite estar fuera de los estrictos procesos físicos del organismo. Pero, al desconsiderar que esta capacidad psíquica nace del propio organismo humano y al abusar de ella, no nos damos cuenta de que numerosos problemas se producen porque es excesiva el área de nuestro consciente que no siente cómo, en nuestro organismo, nace y renace un determinado tipo de tensión A. 

Si la parte vestida desconoce la no vestida, la tensión A pasará a un estado de tensión parcial excesiva, TPE. 

Si el individuo la observa, podrá alternarse con su necesaria relajación. 

Si la ignora, quedará permanentemente inhibida y algún día se expresará de una forma problemática. 

Este proceso es el que subyace en el fondo de muchas enfermedades que padece el hombre actual: 
No se trata de la disociación entre el consciente y el subconsciente o inconsciente, sino de la que existe dentro del mismo consciente, entre su zona vestida (no asociada y, a menudo, enfrentada con el no consciente) y su zona espontánea (asociada naturalmente con el no consciente). Tampoco hablamos de su total unificación, sino de la vital necesidad de observar esta diferencia y el juego o diálogo entre ambas. 
Para ello, resulta decisivo tener en cuenta nuestra actividad psíquica espontánea, que nace en la vida de nuestro organismo.

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